lunes, 5 de diciembre de 2016

La cólera de Dios


Francisco Javier Mosácula presenta en la Diputación su última obra, una novela sobre la peste que padeció Segovia en 1599



Vuelve Francisco Javier Mosácula a escribir de la peste, el tema de investigación que le ha mantenido ocupado durante los últimos años. Tras la publicación, el pasado verano, de su estudio histórico ‘La peste de 1599 en Segovia’, ahora ve la luz la novela ‘Pestilencia. La cólera de Dios’.
“Si decidí escribir una novela sobre la peste fue porque quería llegar a un público más amplio, con un relato más ameno”, explicaba ayer el historiador segoviano.

La protagonista indiscutible de la novela es la peste bubónica, popularmente llamada “pestilencia” a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. No obstante, en el relato de Mosácula se entremezclan numerosas historias. Una de ellas es la del teniente de corregidor encargado de la lucha contra la enfermedad en Segovia. Otra, la de un cirujano cántabro que se enamora de una bellísima panadera, víctima de malos tratos por parte de uno de sus pretendientes.

En ‘Pestilencia. La cólera de Dios’, Mosácula dibuja el ambiente existente en aquellos dramáticos seis meses —desde finales de abril de 1599 hasta mediados de octubre— en la ciudad. “El pueblo reaccionó de dos formas distintas:  o buscaba protección en Dios o se dedicaba a satisfacer los deseos de la carne”, sostiene el historiador, quien asegura que “la mayoría”optó por  la segunda vía, en lo que fue “un gran abandono moral”. En este contexto, se extendió la idea de que la peste, a la que la medicina no daba solución, era la cólera de Dios, “el modo en que castigaba a los hombres por sus pecados”.

En medio año, Segovia perdió cerca del 20% de su población. El descenso de la temperatura, al empezar el otoño, logró doblegar a la ‘pulga de la rata negra’, cuya picadura propagaba la enfermedad. Mosácula defiende que las consecuencias psicológicas para los segovianos fueron “extraordinarias”. Las económicas, también. Antes de la llegada de la peste de 1599, Segovia era la primera ciudad industrial de España, comparable a las principales de Europa; luego, aunque el amanecer del siglo XVII liberó a la ciudad de la enfermedad, ya nada volvió a ser igual. Segovia no logró recuperarse del golpe.

Con la intención de que en el lector no quede un poso de tristeza al acabar el libro, Mosácula ha querido dedicar el último capítulo a un hecho lúdico, acaecido poco después del fin de la peste, los festejos organizados en Segovia con motivo de la visita del rey Felipe III en 1600.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Segovia contra Segovia


Javier Monjas relata en su nuevo libro un episodio hasta ahora desconocido, el motín de la ciudad en 1855, cuando el Congreso eligió a Ávila como estación intermedia del ferrocarril del Norte





El Adelantado 24/11/2016
A las diez de la noche del 10 de noviembre de 1855, una multitud comienza a gritar frente al cuartel de la Milicia Nacional de Segovia, situado en la actual plaza de Los Huertos. El motivo de aquella algarada debe situarse unos días antes, el 6 de noviembre, cuando el Congreso de los Diputados decide que la prevista línea férrea del Norte pase por Ávila y no por Segovia.

El periodista y escritor Javier Monjas Blasco ha relatado ahora este episodio, nunca antes contado, en su nuevo libro, ‘Segovia contra Segovia’, donde escribe de la que considera “la peor crisis vivida por la ciudad desde las revueltas comuneras” del siglo XVI.

Cuando la ciudad conoció la decisión del Congreso de los Diputados “enloqueció”, en primer lugar contra los hombres que habían tolerado tan apocalíptico fracaso. En medio del tumulto, una voz se levanta exigiendo “dos tiros” para el primer comandante de la Milicia Nacional y diputado a Cortes Valentín Gil Vírseda, quien se ve forzado a firmar el abandono de su escaño. La ira contra Gil Vírseda era debida, fundamentalmente, a que éste no había asistido en el Congreso al debate sobre tan vital asunto para Segovia.

Pero la indignación no se centró únicamente en Gil Vírseda. También estaba en la diana el gobernador civil, Ceferino de la Avecilla, natural de Salamanca, una provincia que desde siempre había defendido la ‘opción Ávila’, por ser más beneficiosa para sus intereses. La turba pidió la dimisión del “traidor” De la Avecilla, y éste acabó siendo cesado en las pocas semanas.

La tensión llegó a ser máxima. En una dramática comunicación al Congreso, el Ayuntamiento de Segovia se muestra “preocupado” por lo sucedido, asegurado que el Ejército estaba “sobre las armas”, pero que era “insuficiente” para reprimir la revuelta sin “enrojecer las calles” con “los tiros de la metralla”.

Durante unas semanas, en Segovia hubo “una lucha de todos contra todos”, aunque la sangre no acabó llegando al río. Y, por extraño que pueda parecer, nunca jamás llegaron a entrar aquellos acontecimientos en los libros de historia, ni en los artículos de expertos, ni en los ensayos académicos.

“El episodio resultó tan traumático que fue inmediatamente enmudecido, y así fueron olvidadas aquellas sombrías ocho semanas en que Segovia se había revuelto contra Segovia”, dice Monjas, quien en una de sus visitas a los archivos se encontró esta “fascinante realidad oculta”, de la que ha estado “tirando del hilo” durante casi año y medio.

Monjas quiere advertir que aquellos sucesos coinciden en el tiempo con la decisión de desmantelar la Casa de la Moneda. “En una ‘Semana Trágica’, Segovia perdió el símbolo de su pasado industrial, la Ceca, y la esperanza de su desarrollo, el ferrocarril”, concluye.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Leyendas de las Tierras de Segovia


Juan Manuel Santamaría López nos presenta un extenso estudio de las leyendas que circulan por la provincia de Segovia.



Juan Pedro Velasco



No nos extraña la publicación de un libro de leyendas  por el profesor Santamaría. 

Nos consta que el académico de ‘San Quirce’ lleva años investigando, y recopilando, el rico patrimonio legendario segoviano.



Una obra que no se limita al simple refundido y catalogación de algunas narraciones, sino una exposición rigurosa de quién es el posible autor de la leyenda, el origen de la misma y el posterior estudio del texto y de los distintos difusores a lo largo de los siglos, en muchos de los casos.



El estudio lo ha divido el autor en ocho secciones o capítulos en los que por materias (leyendas de san Frutos, san Valentín y santa Engracia; de repoblación; marianas; inspiradas en Jesús y algunos santos; inspiradas en monumentos arquitectónicos; en el paisaje; explicativas de nombres de lugar, y diversas) va desgranando casi un centón de leyendas. Algunas ya conocidas y otras inéditas para muchos de los potenciales lectores.



Un compendio de cómoda y fácil lectura, aunque muy documentada, que hará conocer mejor Segovia y su provincia.

La estructura y desarrollo de cada leyenda incluye la aportación  histórica que realiza Juan Manuel Santamaría, la leyenda en sí tomada de alguna de las fuentes que a lo largo de los años la han transmitido y, cómo no podía ser de otra manera, siendo el autor un buen conocedor de nuestra provincia, su naturaleza y caminos, un lugar “donde leerla”.



Espacios en los que el posible lector se puede solazar, por un lado con la letra impresa y, por otro, con la impresión del paisaje en sus retinas.



¿Dónde leer la leyenda de la Mujer Muerta? Como indica el autor “donde sea posible contemplar el perfil evocador e inconfundible de esta sierra: en Segovia, desde el mirador de la Canaleja o desde los altos de Las Lastras; en Revenga o en Hontoria, en época de nieve; en las llanadas de la campiña, desde donde el azul sirve de contrapunto al rojo de las amapolas o al dorado de las mieses…”.



El libro viene acompañado de numerosas ilustraciones alusivas a las leyendas tratadas.  Imágenes en las que ha participado nuestro compañero-bloguero en ‘acueducto2’, Juan Pedro Velasco Sayago, citado en distintas leyendas como impulsor de su conocimiento en los últimos años.



Edita: Diputación Provincial de Segovia.

Autor: Juan Manuel Santamaría.

Segovia 2016.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Rastreos en la Sierra

El rastreador segoviano Fernando Gómez y su esposa, Paloma Troya, publican un libro sobre huellas de animales en el Guadarrama
Fascinado por los animales salvajes, el segoviano Fernando Gómez Velasco comenzó a rastrearlos en la Sierra de Guadarrama hace ya unos cuantos años. Primero, el mítico lobo, desde Revenga a Prádena. A continuación, el abundante corzo y la esquiva cabra montés. Siguió después con diferentes aves, entre ellas el búho real y el azor. Se atrevió luego a buscar especies de menor tamaño, como la víbora hocicuda y el escorpión. Y últimamente anda detrás de la poco conocida araña lobo.
Recopilando sus andanzas serranas, Gómez acaba de publicar, junto con su esposa, Paloma Troya Santamaría, el libro ‘Guía de huellas y rastros de la Sierra de Guadarrama’ (Ediciones La Librería), que define como “conocimiento comprimido para que una persona pueda iniciarse en el mundo del rastreo”. Gómez y Troya, integrantes de la división de rastreo profesional de la empresa ‘Escuadrone Táctico Aéreo No Tripulado’ han firmado una obra “para que cualquiera aprenda una base sobre huellas y rastros”, de modo que el lector pueda identificar, de forma rápida, a qué especie pertenecen los indicios de presencia animal que se pueden encontrar en el campo, entre ellos excrementos, cráneos, egagrópilas, pelo y plumas. Los dos autores del libro han bebido de numerosas fuentes antes de ponerse a redactar, por lo que advierten que en la obra “aparecen datos proporcionados por científicos y otros por pastores con los que hablábamos en el campo”. Una de las principales novedades de la guía es la de contar con un pequeño apartado, de cuestiones de seguridad, donde se alerta a los futuros rastreadores de los posibles riesgos que pueden encontrar en esta actividad.
Convencido de que su guía es “entre las de pequeño formato, la más completa de Europa de rastreo”, Gómez no se extraña del “éxito rotundo” que ha obtenido, lo que le ha animado a embarcarse en otros proyectos editoriales, igualmente relacionados con rastreo, en concreto sobre los rastros de mamíferos en España y el continente europeo.
“Para mí —confiesa— el rastreo es una pasión y una forma de vida”. No tiene preferencias a la hora de buscar especies. Lo mismo le gusta localizar un pájaro carpintero por su canto que encontrar en el suelo un nido de araña lobo o descubrir un corzo encamado en un pinar. A quienes se inician en el mundo del rastreo, Gómez aconseja, de inicio, “actuar con sentido común”, tras un previo análisis de cómo se desenvuelve la especie que se busca. “A mí, cada nuevo animal que tengo que hallar es un reto, que me obliga a conocer el comportamiento de esa especie, y eso resulta muy gratificante”, explica Gómez. Eso sí, algunos animales se le resisten más que otros. Él reconoce que tiene una espina clavada con el turón, extremadamente difícil de ver. Ahora está en ello, y previsiblemente en no mucho tiempo “caerá”.
Aunque en los últimos años Gómez ha recorrido Europa a lo largo y a lo ancho rastreando animales, tiene un país preferido, “España” y dentro de él, “mi tierra, Segovia, donde está un paraíso llamado Sierra de Guadarrama”, que considera “un lugar excepcional” para realizar esta actividad. ¿Los motivos? “La variedad de animales existentes y la calidad de los ecosistemas presentes”, afirma, sin dudar un instante. En ese sentido, dice estar “orgulloso” de que gracias a esta ‘Guía de huellas y rastros de la Sierra de Guadarrama’ “hemos contribuido a dar a conocer el inmenso valor de la provincia de Segovia”, recordando que solo en el parque nacional hay inventariadas 133 especies de aves, 58 de mamíferos, 15 de anfibios, 23 de reptiles y cientos de invertebrados.

jueves, 27 de octubre de 2016

Un cuento para aprender


‘Toni tiene insomnio’ es el título elegido por María del Pilar Martín San Félix para su primer relato, que permite a padres y educadores trabajar distintos temas con niños de más de cinco años

Desde muy pequeña, a María del Pilar Martín San Félix la encantaban los libros. Quizá por ello se dio prisa en aprender a leer, en lo que fue un caso de extraordinaria precocidad. Cuando comenzó la E.G.B. ya sabía leer perfectamente, y por ello recibió en su colegio un diploma que todavía conserva. Ella fue creciendo, y mantuvo su afición por la lectura. “Yo creo —confiesa— que todos los días de mi vida he leído algo”. Por sus manos han pasado todo tipo de obras pero, a raíz del nacimiento de sus hijos —Olga, Julia, Marcos y Pedro— se interesó especialmente por los cuentos. Quería saber contar cuentos, para divertir a sus retoños, enseñarles cosas o, simplemente, conseguir que se durmieran por la noche. Y así, poco a poco, casi sin darse cuenta, ella empezó a querer escribir sus propios relatos.

Como no contaba con profesor, decidió inscribirse en un curso de escritura online. Y allí fue ejercitándose. Hasta que “salió un cuento”. “Le debía tener ya escrito en la cabeza”, bromea. Una noche, sin decir quién era el autor, se lo contó a sus hijos. Y, para sorpresa suya, uno la dijo:

—Mamá, me ha gustado ese cuento. Quiero sacarlo de la Biblioteca.

Ella se quedó de piedra. Acababa de pasar la prueba más difícil. Su cuento encandilaba a los niños. Así que pensó que debía dar un paso más y lanzarse a su publicación.

El resto de la historia es ya similar a otras muchas. Ella buscó una editorial para publicar su creación. Babidi-Bú se ofreció a hacerlo, e incluso proporcionó a Martín una ilustradora, Viuleta.

Finalmente, ‘Toni tiene insomnio’ salió a luz el pasado mes de septiembre. La presentación oficial fue en la biblioteca pública de Trescasas, el pueblo donde vive Martín. Y ahora está dando a conocer su cuento.

‘Toni tiene insomnio’, dirigido a niños de más de cinco años, habla de una historia ocurrida en el Bosque de Nuez, donde vive el búho Toni, que no puede dormir. Pero su amiga la ardilla Emma decide ayudarle. Le lleva a la consulta del doctor don Manuel, quien intenta averiguar qué es lo que le quita el sueño. Al final, le dará al búho Toni una dulce receta para curar su mal. E incluso la ardilla Emma decide tomar la misma medicina. Y así, todo vuelve a la normalidad en el Bosque de la Nuez.

Martín, habituada a dirigir talleres infantiles de animación a la lectura o de creatividad en los colegios, asegura que su cuento  “puede dar mucho juego”, pues “permite a los profesores o monitores trabajar diversos aspectos, como el de enseñar que no hay barreras a la hora de hacer amigos”. Además, ella, consciente de que la visita al médico da un poco de miedo a los más pequeños, presenta al doctor como “un amigo que nos cuida y nos cura dulcemente”. Por si era poco,  Martín asegura que con ‘Toni tiene insomnio’ los lectores aprenden nuevas palabras y, sobre todo, “entienden que tenemos el poder de cambiar las cosas que nos molestan, nos dan miedo o nos preocupan”.

La autora dice estar “alucinada” con la buena aceptación por parte del público de su cuento. “Está siendo una experiencia fascinante, y me gustaría seguir escribiendo literatura infantil, pero para ello tengo primero que encontrar calma”, concluye la cuentista segoviana.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Las Vegas, origen de la Comunidad de Pedraza

Tomás Calleja recoge en un libro siete décadas de investigación sobre esta iglesia, piedra angular de la Comunidad de Villa y Tierra

El Adelantado
La iglesia de Las Vegas debe ser para las gentes de la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza lo mismo que es el árbol de Guernica para los vascos, el símbolo de su origen. Así lo defiende Tomás Calleja Guijarro en su nuevo libro "Las Vegas de Pedraza, su iglesia y... sus misterios", una obra en la que el autor expone los descubrimientos que ha ido realizando, a lo largo de siete décadas de investigaciones, sobre ese templo. Reconociendo esa tarea, el marqués de Lozoya, Juan de Contreras, calificó a Calleja, en 1963, como "el verdadero descubridor" de la iglesia, declarada Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional.
"La Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza se fundó en torno a Las Vegas", insiste Calleja. De acuerdo a su teoría, fueron burgaleses, en concreto del alfoz de Lara, quienes erigieron Las Vegas, si bien aprovecharon una edificación anterior, también de uso religioso. Calleja sostiene que los famosos infantes de Lara murieron en el entorno de Las Vegas, "defendiendo las que eran sus tierras. que les habían sido entregadas para su repoblación y defensa".
Siguiendo los estudios de Calleja, desde aquella lejana época, la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza se reunía en Las Vegas, en una casa aneja a la iglesia. Y así siguió ocurriendo hasta 1875, en que la sede se trasladó a Pedraza. La casa de la Comunidad de Villa y Tierra quedó entonces abandonada, arruinándose al poco. Los vecinos del cercano pueblo de Requijada aprovecharon la situación para llevarse las piedras, utilizadas después para convertir en iglesia una pequeña capilla de la localidad.
El autor del libro, que lamenta las "tergiversaciones" existentes sobre la historia de la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza, dice haber escrito la obra "como servicio a Pedraza y a Segovia" y "para que las futuras generaciones conozcan lo que realmente ocurrió".
"Durante siglos -subraya Calleja-, todo lo que se hacía en los pueblos de la Comunidad de Villa y Tierra se derivaba de acuerdos adoptados en Las Vegas".  A partir del siglo XIX, la Comunidad de Villa y Tierra fue perdiendo fuerza, en todos los aspectos. Y hoy, ni siquiera la romería de Las Vegas es capaz de atraer a vecinos de todos los pueblos de Pedraza. "Ha quedado prácticamente reducida a una fiesta local de Requijada", lamenta Calleja, a quien le gustaría mayor implicación en la misma de las gentes de la Tierra de Pedraza. A este respecto, en su nuevo libro presenta un documento inédito que demuestra que "la verdadera patrona de la Comunidad de Villa y Tierra es la Virgen de las Vegas".

jueves, 8 de septiembre de 2016

El desastre de 1599 en Segovia

Francisco Javier Mosácula ha escrito un libro sobre la peste de ese año en la ciudad


Cuando se habla de un “desastre” en la historia de España resulta obligado apuntar al de1898, derivado de la guerra con Estados Unidos. Pero si se trata de citar un desastre local, ceñido a la ciudad de Segovia, pocos historiadores dudarán en señalar al de 1599, el año de la peste bubónica.
“Fue el principio del fin de la época de esplendor de Segovia”, sostiene el historiador Francisco Javier Mosácula, quien revela que en “seis meses terribles”, la ciudad perdió a cerca del 20% de su población. Declarado el primer caso el 26 de abril, la epidemia campó a sus anchas hasta mediados de octubre, cuando empezó a remitir coincidiendo con la llegada de las temperaturas otoñales. Y aunque luego Segovia pareció recuperarse con rapidez, ya nada sería igual, y la ciudad, por diversas causas, entraría a partir de entonces en una larga decadencia.
Mosácula, que hoy presenta su último libro, titulado precisamente ‘La peste de 1599 en Segovia’, recuerda ahora que la enfermedad se propagaba por la picadura de la llamada ‘pulga de la rata negra’, sin que la población imaginara cuál era su origen. Eso sí, existía entre los segovianos letrados la intuición de que la peste estaba de alguna manera vinculada a la miseria, al hambre y a la suciedad. Pero la mayor parte del pueblo daba por hecho que se trataba de un castigo de Dios por los pecados cometidos; “otros —agrega Mosácula— defendían que la peste se debía a una mala conjunción astral, entre Júpiter, Saturno y la Luna”.
Como suele ocurrir en los momentos difíciles, la peste de 1599 sacó a relucir lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. “Hubo comportamientos heroicos y otros deleznables”, relata Mosácula, quien asegura que con el miedo a la enfermedad, proliferaron los pecados capitales, pues “se extendió la idea de que, ya que la muerte estaba cerca, había que disfrutar”.
El Ayuntamiento de Segovia debió realizar “un importantísimo esfuerzo económico”, que Mosácula estima en cerca de 110.000 ducados. Por recomendación de la máxima autoridad sanitaria de la época, el doctor Luis de Mercado, se construyó una valla para aislar la ciudad. Además, “hubo que abrir hospitales, hacer camas y dar ropa a los enfermos, pues la que tenían se quemaba”. Sin embargo, tales operaciones no sirvieron para nada, pues la enfermedad continuaba causando bajas. Solo el paulatino descenso de la temperatura doblegó a la ‘pulga de la rata negra’.
Mosácula sostiene que las consecuencias psicológicas para los segovianos “fueron extraordinarias”. Las económicas, también. Antes de la llegada de la peste de 1599, Segovia era, según recuerda el historiador, “la primera ciudad industrial de España, comparable a las principales de Europa, como Florencia, Brujas o Amberes”. Luego, el amanecer del siglo XVII liberó a la ciudad de la enfermedad, pero con un alto precio, el de ir, como dice Mosácula, “de capa caída”.